¡Petro, un extorsionista y un terrorista, más hijueputa y más dañino que Pablo!

La violencia salvaje de hoy es la mentirosísima “paz” de Santos. JLJ

¿Para qué ataca Petro a la reforma tributaria si ésta solo afecta a los estratos 4, 5 y 6, en beneficio de los estratos 1,2 y3? ¿y para qué destruye los medios de transporte masivos, si estos los utilizan unicamente los estratos 1,2 y3? ¿Por qué no pidió que cesarán los ataques a los bienes públicos?

Al oído del señor director de la Policía Nacional

Desde chiquitos, los paisas, utilizamos la palabra hijueputa, no para herir a ninguna madre, sino para describir y rechazar a la basura, para rechazar a los seres sin palabra, mentirosos, falsos, ruines, traidores, deshonestos, estafadores y miserables, como Petro, Santos o Pinturita.

Cuando yo era un niño, mi madre se le quejó a mi padre, porque un día, cuando yo jugaba con un vecinito extranjero, un holandés de nombre Max, lo insulté con esa palabra. Mi padre me llamó y me pidió una explicación. Yo le di la siguiente: Max me invitó a jugar y yo le dije que yo no iba a jugar más con él, porque él me tiraba arena a los ojos y Max me prometió que no lo haría nuevamente y cuando volví a jugar con él, cogió un puñado de arena y me la tiró a los ojos y, entonces, yo le dije: ¡Hijueputa!. Mi papá me dijo: váyase a jugar tranquilo mijo y entonces mi madre le preguntó: ¿y no lo vas a castigar por haber dicho esa palabrota tan fea? y mi padre le contestó: para esos casos la inventaron.

Y eso, exactamente, fue lo que nos pasó en el país, con las Farc. Estos criminales de las FARC, nos prometieron que si el gobierno firmaba con ellos un acuerdo, brillaría la paz para Colombia, pues pararían la guerra, cesarían los ataques guerrilleros, devolverían los dineros mal habidos, los niños ilegalmente reclutados, los secuestrados y que coadyuvarían a desmontar, con información, las rutas del narcotráfico que detentaban, entre otras, muchas, falsas promesas.

Santos, De La Calle, Naranjo y un gran sector de la prensa, auxiliada desde el exterior ─desde donde se admministran los millones de dólares de ese grupo delincuencial─, conscientes de que aquellos y ellos mismos mentían, actuando maliciosamente, de la peor mala fe ostensible, les coadyuvaron a esos facinerosos a engañar al país y al mundo entero y ellos mismos firmaron, con esos malandros, en aleve ataque a la democracia y en contra de la mayoría de la voluntad popular expresada en las urnas, el bodrio, el mal llamado acuerdo de paz, concediéndoles toda suerte de prebendas y estos hijueputas nos volvieron a tirar arena a los ojos: Incumplieron el acuerdo y consecuencialmente, a través de sus mal llamadas “disidencias”, continuaron incendiando al país, promoviendo los cultivos ilícitos y el narcotráfico, la minería ilegal, el secuestro y el asesinato de los desmovilizados y además tienen el descaro de atribuirles esos crímenes y los de los líderes sociales a nuestras fuerzas armadas, sin que podamos olvidar que no han cumplido ninguna de sus promesas, salvo exigir más y más dinero, pero oponiendose a cualquier reforma tributaria.

Esa organización de narco criminales, incursos en delitos de lesa humanidad, promovida y defendida hoy en día, con más veras, por Cuba, China, Rusia e Irán, países interesados en desestabilizar a Colombia, para convertirla en una nueva Venezuela y saquear sus recursos naturales renovables y no renovables en su propio beneficio, como continúan haciéndolo con los de la hermana república y someter a nuestros pueblos, con sus inmundas y represivas botas militares, para mantenerlos en la misma inmundicia y en la miseria más absolutas, en las que viven los cubanos en la isla del terror y los venezolanos en la patria de Bolívar; es decir, esculcando canecas o alimentando ratones para no morirse de hambre.

Petro, un admirador y defensor a ultranza de estos salvajes y de las tiranías castrochavistas, un guerrillero que nunca se desmovilizó, un mitómano, más mentiroso que Santos, perdió las elecciones y como mal perdedor, viene invitando desde entonces a las manifestaciones que promueve en contra del gobierno, a grupos de desadaptados, de malandros y criminales de todos los pelambres, pagados con dineros ensangrentados del narcotráfico, para que ataquen a la policía y destrocen todo lo que encuentren en las calles e impedir así que se gobierne.

Con otras palabras, este hampón, desde antes de ser presidente viene echando mano de los colectivos delincuenciales como Maduro, más conocidos en Colombia como bandas criminales, para perseguir a las fuerzas militares y de policía, a los banqueros, a los industriales y comerciantes que pretende expropiar, ello de llegar a la presidencia y si el pueblo colombiano es tan bruto que lo elige, lo primero que hará es armar hasta los dientes a estos malandros, para que nos despojen de todo lo que tenemos, a la vez que comprará a los jueces y a los militares para ponerlos de su lado y combatir con ellos la constitución y la Ley en su propio beneficio, en el de los grupos criminales y en el de los países que lo financian.

Los daños de sus manifestaciones delincuenciales son multimillonarios y fueron selectivos, absolutamente premeditados y fríamente calculados, tales como los ataques a las estaciones de policía, sus enemigos naturales, a los bancos, al comercio, al Éxito, a D1, a Semana y a RCN, a estos últimos por pensar de manera diferente a la del malandro. Todos estos daños, como la destrucción de monumentos, estaciones de policia, bancos y medios de transporte masivo, fueron ordenadas desde la Habana, como que desde alli fueron ordenados los mismos ataques que terminaron con la destruccion del metro de Santiago de Chile.

En Venezuela el pueblo marchaba pacificante contra la dictadura y era repelido salvajemente por las fuerzas militares Castrochavistas; en Colombia es al revés, hordas de delincuentes comunes atacan al comercio organizado, a la policía y a los civiles inermes, sin que por el accionar de los jueces gramscianos los policiales se puedan siquiera defender y ello es criminal.

Todos sabíamos que las jornadas serían violentas y que los ataques a la fuerza pública serían salvajes y multimillonarios los daños a los sistemas públicos de transporte, a los bancos y al comercio y así lo intuyó la señora magistrada del Tribunal de Cundinamarca, pues era un secreto a voces que la orden era acabar con las ciudades, al punto de que ésta libró una medida cautelar para detener a las Petrobestias, pero el terrorista y sus secuaces hicieron caso omiso de esa orden judicial y continuaron con su camino delictivo, para imponer por la fuerza sus posiciones, para hacer retirar un proyecto de Ley, pues su brutalidad y calidades de hampones, les impiden hacerlo con la fuerza de la razón, la que no tienen.

Se educa con el ejemplo y qué mal ejemplo para la juventud, tan mal educada que no respeta a nada ni nadie, que demostrarles que los derechos que tengo o los que yo creo que tengo se consiguen a través del ejercicio arbitrario de las propias razones y puntualmente ejerciendo la violencia más salvaje, ese es el mensaje de la Petrobestia, a nuestros estudiantes y a los demás colombianos.

Petro ni sus secuaces condenaron los daños, ni ninguno de ellos respetó la providencia judicial, por el contrario, como buen bandido, Petro extorsiona al gobierno, diciéndole que si no retira la reforma seguirán las manifestaciones, es decir los ataques a la vida, a las fuerzas del orden y a los bienes de los ciudadanos. A cuidarse pues señores comerciantes pues los ataques de la bestia no han cesado.

Respeto la protesta popular y rechazo el abusivo proyecto de reforma tributaria, presentada por Carrasquilla, el arrogante ministro de Hacienda, otro mal ser humano y así lo expresé en anterior columna, pero no salí a marchar, porque debo respetar el ordenamiento y era y soy cociente, como la mayoría de los colombianos, de que mediaba providencia judicial que ordenaba el aplazamiento de las manifestaciones, por razones de salud pública y no puedo y no podía incurrir como Petro, en el delito de fraude a resolución judicial; adicionalmente yo puedo pedir que se retire una proyecto de Ley, pero no ejerciendo violencia contra los servidores públicos para lograrlo. Eso no lo hacen sino unos hampones como Petro y sus secuaces.

La democracia permite que gobernantes con distintas tendencias políticas puedan detentar el poder para desarrollar sus programas, en beneficio popular, pero siempre y cuando obtengan el favor del pueblo, expresado en las urnas; el comunismo no lo permite, pues es una dictadura y no propiamente la del proletariado, que nada ha dictado nunca, es la dictadura de una bestia, la Raúl, la de Maduro, la de Putin.

Ante tanta desigualdad Colombia demanda medidas socialistas e impuestos como los de Carrasquilla, pero que graven a los que más tienen, como en Suecia, a todos por parejo, pero primero hay que combatir al régimen y a la corrupción, para que no se pierdan esos recursos. Necesitamos un socialista honrado como José Mujica Cordano, al frente de la presidencia, pero en ningún caso a un hampón como Petro.

Los antioqueños llevamos “el hierro entre las manos porque en el cuello nos pesa” y no nos vamos a dejar manejar ni por Petro ni por Pinturita, ni por ningún otro hijueputa y mucho menos vamos a aceptar las extorsiones o los ataques de los petromalandros, financiados con dineros mal habidos y por ello nos vamos a tener que organizar y aun vamos a tener que armarnos, no para atacar a nadie sino para defendernos de los criminales y para apoyar a nuestras autoridades. ¡No más ataques ni a nuestra policía ni a nuestro ejército, salgamos a las calles a defenderlos!

Señor General Jorge Luis Vargas valencia, es necesario presentar un proyecto de ley, con carácter urgente, regulando el ejercicio de la fuerza y de las armas de república. Las autoridades militares y de policía se tienen que respetar y estas a su vez se tiene que hacer respetar, porque son la espada de la justicia y los llamados constitucionalmente a defender las vidas, honras y bienes de los colombianos e igualmente porque la conducta de atacarlas es delictiva.

Los policías y militares no son monigotes, para que los delincuentes practiquen tiro al blanco, ni para que los gustavos se solacen con Caracol, viendo como los atacan.

Los colombianos que acatamos las leyes y las órdenes judiciales no queremos seguir viendo videos, en los cuales unos indios amenazan con machetes a nuestros militares y policías o como una mujer, en un barrio popular, desarma a unos policías y se dedica a hacer hacer tiros al aire, conducta con la que le puede causar la muerte a otra persona o ver como las petrochuchas intentan prender vivos a esos servidores públicos, simplemente porque cumplen con su deber o los que muestran a un grupo de esos malandros destrozando a piedra a esos policiales o destruyendo los servicios públicos de transporte o los medios de comunicación o aterrorizando a los ciudadanos.

No se trata de atacar a quien protesta pacíficamente, pero si a las turbas que atacan los comercios o a los malandros o a los colectivos delincuenciales, que atacan a los policiales, pues estos si deben ser reprimidos con las armas de la república, como sucede en todos los países del mundo sin excepción alguna. Urge una norma que autorice a los militares y a los policiales, para que si alguien les esgrime un arma blanca o de fuego, a menos de treinta metros y no acata la orden, la de dejarla caer al suelo, le puedan disparar, como lo permite la legislación del CANADÁ y como sucede en todas las capitales del mundo civilizado y para ello es necesario que los policiales filmen todos sus procedimientos. “Según la policía canadiense, la fuerza de parte de las autoridades no debe ser proporcional, debe ser mayor, pues esa es la que conduce al orden público. La fuerza proporcional invita al desafío permanente,”, al irrespeto permanente que es lo que en todas las manifestaciones, muchas de ellas justas por cierto, está haciendo Petro.

¿Para qué sirve un toque de queda o unas autoridades de policia que nadie respeta y que no se hacen respetar? “El príncipe no solo debe ser respetado sino temido.” Maquiavelo.

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