La UdeA se merece un buen himno

Recuerdo con nostalgia la primera vez que oí una retreta de la banda de la Universidad de Antioquia. Tenía unos doce años y fue un Domingo, por la mañana, en un agradable y concurrido parque de Bolívar. Empezaron con el himno de la Universidad, como de costumbre, y desde los primeros compases quedé encantado.

Desde aquel momento me encariñé con esa universidad a la cual acudiría como alumno cinco años después. Ese cariño no ha disminuido durante este medio siglo, pero mi afecto por el himno desapareció por completo.

¿Cuál es mi problema con el himno? Cuenta una anécdota, apócrifa por cierto, que un joven autor envió un manuscrito al gran filólogo inglés Samuel Johnson solicitándole su opinión. El ácido Dr. Johnson le respondió: “Su manuscrito es bueno y original. Pero la parte buena no es original, y la parte original no es buena”. Ese es, precisamente, mi problema con el himno.

Empecemos con su bella melodía: muy buena, pero no original. Es obra del compositor americano Robert Lowry (1826–1899) para su himno protestante Shall We Gather at the River?, aunque de vez en cuando lo oigo en mi iglesia Católica en Northfield, Minnesota. Desde entonces se me hace casi imposible oír el himno de la UdeA. ¡Oigo el himno religioso!

Sigamos entonces con la letra, la parte original, compuesta por Edgar Poe Restrepo (cómo de mal agüero para un autor tener el nombre de uno famoso, ¿no?). Reza así su primera estrofa:

Cantaremos entusiastas
a nuestra Universidad,
Alma Máter de la raza,
invicta en su fecundidad

Allá él a quien le gusten las dos primeras líneas, pero mis verdaderos problemas empiezan con lo del Alma Máter de la Raza. ¿Cuál raza? ¿La raza antioqueña? ¿Raza que ni existe ni ha existido? El consenso científico moderno es que el concepto de raza es construido socioculturalmente. Es decir, que no es una realidad biológica. Por supuesto, hay una diversidad genética, y esta diversidad, acompañada de la segregación geográfica, lleva al establecimiento de poblaciones con características típicas. ¿Pero raza en ese sentido tradicional que clama que yo y mis vecinos somos diferentes, en un sentido profundo, porque somos de color diferente? ¡Pues no! Si hay algo a lo que una universidad no le debería cantar, es a la raza.

También vale la pena recordar que, como han demostrado los genetistas de la UdeA, el núcleo de población que colonizó a Antioquia incluyó, con algunas excepciones, a hombres españoles y mujeres indígenas. Es decir, Antioquia es mestiza en gran medida. Lo que digo es que quien sea paisa de vieja data, y yo lo soy, tiene algo de ancestro indígena. Algunos se enorgullecen de su puro ancestro español. Allá ellos. Amo mi herencia española, pero no tiene nada de pura. España fue promiscua caldera en la que se mezclaron fenicios y cartagineses, griegos y romanos, godos y visigodos, celtas y vascos, bereberes y franceses, etc. 

Pero si la tal raza no existió entonces, ¿qué tal hoy? ¡Menos aún! Basta salir media hora por el centro de Medellín para darse cuenta de que no. Basta salir de Marinilla, e ir a Turbo, o a Puerto Berrío, para darnos cuenta de que la UdeA no es el alma máter de la raza, sino el alma máter de las masas. Y eso me inspira y me enorgullece.

Termina la estrofa con invicta en su fecundidad. Mala construcción. ¿Quién es la invicta, la raza o el alma máter? ¿Quién es fecunda, la raza o el alma máter? ¿Si habla de la «raza» a que fecundidad se refiere? ¿A la biológica? ¿Vamos a jactarnos de nuestra capacidad reproductiva? ¿Y si se refiere a la creatividad de la raza (¡o del alma máter!), porque tanta fecundidad necesita copiar una melodía extranjera para su propio himno? No me rima. Más auténtica sería una estrofa que dijese:

Cantaremos entusiastas
a nuestra Universidad,
Alma Máter de las masas,
invicta en su diversidad

Pero eso sería copiar, y las copias no son buenas.

Tiene hoy Antioquia numerosos y talentosos músicos y compositores (¡y no me refiero sólo a los hombres!). ¿No habrá quién pueda honrar a nuestra universidad con un himno bueno y original? ¿Debe la universidad promover sendos concursos, con jugosos premios en metálico, para la elaboración de la letra y de la música de un nuevo himno, del que no tengamos que avergonzarnos intelectualmente hablando.?

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